LA POLÍTICA EXTERIOR DEL MÉXICO CARDENISTA HACIA LA SEGUNDA REPUBLICA ESPAÑOLA EL CASO DEL EXILIO REPUBLICANO EN MÉXICO. PARTE II).

4.2. Las relaciones de México con la Segunda República Española antes y

durante la Guerra Civil: ¿Cooperación política en base a la identificación

ideológica?

Cuando el 15 de septiembre de 1936 Lázaro Cárdenas dio el “Grito” que conmemora

la Independencia mexicana del Imperio Español añadiendo un “Viva la República

Española”, realizó un acto cuyo simbolismo tenía una importancia histórica. Aparte de

escenificar, en el contexto más hostil posible a todo lo español, el apoyo que su

gobierno iba a dar, de entonces en adelante, a la asediada Segunda República

Española que desde julio estaba luchando contra los militares que se habían levantado

contra ella.

69

La proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931 había sido recibida

con júbilo general en México

 

77 (Centro Republicano Español: 1978, p.11). Un mes

después los gobiernos de México y de España decidieron elevar sus representaciones

diplomáticas a la categoría de Embajadas

 

78. Ese mismo año, México entró a formar

parte de la Sociedad de Naciones gracias, en parte, a las gestiones que Alejandro

Lerroux hizo en nombre de la República Española. Para México o, mejor dicho, para

Lázaro Cárdenas

 

79, la entrada en la Sociedad de Naciones suponía la posibilidad de

tener un foro en Europa donde defenderse de eventuales atropellos de los EEUU

(Matesanz: 1999, pp.191-192).

Existía una comunidad de intereses entre el programa de los republicanos españoles y

el de los revolucionarios mexicanos. Ambos gobiernos aspiraban a dotar a sus

respectivos países de unos mínimos de libertad, prosperidad, educación y bienestar.

Asimismo, pretendían colocarlos en un lugar preeminente dentro del sistema

internacional (Sepúlveda en Centro Republicano Español: 1978, p.15).

El régimen mexicano se radicalizó bajo el gobierno de Lázaro Cárdenas y ello

coincidió con el estallido de la Guerra Civil en España (Meyer: 2001, p.250). La

primera reacción oficial desde México ante el golpe militar franquista del 18 de julio de

1936 fue un mensaje de adhesión del PNR, escrito un día después y firmado por su

presidente Emilio Portes Gil, al Gobierno Republicano español (Matesanz: 1999, p.54).

A ella siguieron otras adhesiones realizadas desde el ámbito de la organización

obrera, estudiantil

 

80 e intelectual.

77

 

Algunos autores, no obstante, son menos entusiastas al respecto y consideran que el apoyo

incondicional del Gobierno mexicano a la República no implicó un apoyo equivalente entre la

población mexicana. Para Mónica Quijada “…sólo una minoría de mexicanos habría apoyado

activamente la República, otro sector se habría decantado por los nacionales, en tanto que la

gran mayoría de la población, indígena y campesina, habría permanecido desentendida del

conflicto” (Quijada en Vives: 1992, p.478).

78

 

Ello se hizo efectivo por decreto del Presidente Pascual Ortiz Rubio el 12 de mayo de 1931

(Centro Republicano Español: 1978, p.8).

79

 

La precisión tiene su razón de ser porque fueron varias las voces mexicanas que se alzaron

contra la permanencia de México en la Sociedad de Naciones. Pero Lázaro Cárdenas tenía

clara la necesidad de que México participara en ella. Su visión sobre la Sociedad, tal vez un

poco idealizada visto su desempeño posterior ante el conflicto español, era la siguiente: “La

Liga constituye un organismo previsor de conflictos entre las naciones y un tribunal supremo

ante el cual pueden acudir los pueblos injustamente atacados, para exponer sus derechos,

reclamar justicia y obtener el fallo de la opinión universal, que siempre condena las violaciones

de la soberanía nacional, y mucho más si el atropello se intenta sobre los pueblos débiles, por

la proporción de sus recursos materiales o por las dificultades de sus problemas interiores”

(citado en Fabela: 1994a, p.224).

80

 

Aunque hubo organizaciones estudiantiles como la Federación Estudiantil Universitaria (FEU)

que prefirieron mantenerse al margen alegando que sus intereses se circunscribían a lo

meramente académico (Matesanz: 1999, p.56).

70

Se ha apuntado a las

 

relaciones personales de Lázaro Cárdenas como factor

explicativo de la política exterior de México hacia la España Republicana. Varios

autores ven en la amistad del Presidente mexicano con distintos protagonistas de la

política española de la época el origen de sus simpatías por la causa republicana y el

germen del apoyo de México a la Segunda República. Así, José Antonio Matesanz se

refiere a la amistad personal de Lázaro Cárdenas con Julio Álvarez del Vayo,

Embajador de la República en México, como factor explicativo de la política prorepublicana

implementada por el General Cárdenas. El embajador español no sólo

habría influido al Presidente sino a un grupo importante de políticos y literatos

mexicanos (Matesanz: 1999, p.186). Otros autores, como Abdón Mateos, hablan de la

influencia de Indalecio Prieto en Lázaro Cárdenas. Sea como fuere, el compromiso de

los gobiernos revolucionarios mexicanos hacia la España Republicana se prolongó

tanto en el tiempo y de una manera tan profunda que ello disipa cualquier tipo de

explicación basada en las simpatías personales de los presidentes mexicanos. Esto no

contradice el hecho de que se deban tener en cuenta las relaciones personales de los

líderes revolucionarios con los líderes republicanos a la hora del análisis. No obstante,

tales relaciones no pueden constituir la explicación última de las decisiones políticas,

sino que, más bien, se ha de considerar como factor explicativo principal el vínculo

ideológico que las sustenta.

Por tanto, son los

 

aspectos políticos los explicativos de las simpatías de Lázaro

Cárdenas hacia la España Republicana, y no a la inversa

 

81. Como ya se ha apreciado,

existía una identificación ideológica entre las autoridades revolucionarias mexicanas y

las autoridades republicanas españolas. El estallido de la Guerra Civil no hizo más que

estrechar los vínculos entre la Segunda República Española y el México de Lázaro

Cárdenas. Muestra de ello es que durante la guerra, varios líderes políticos de la

República visitaron México para realizar misiones oficiales de propaganda (Mateos:

2005, pp.43-45). Ello era expresión de la existencia de unos lazos políticos e

ideológicos previos que vienen a refutar la idea, harto extendida durante años en la

historiografía, de que la Segunda República Española careció de una política exterior

(Egido: 1999, pp.225-226). Una anécdota que trasluce hasta qué punto de hondura

habían llegado las relaciones entre el México cardenista y la España Republicana es el

entierro del Presidente de la Segunda República, Manuel Azaña, muerto en Francia el

3 de noviembre de 1940. Dado que no había una bandera republicana a mano, el

81

 

Esta opinión es compartida por Cuauhtémoc Cárdenas. Véase en los anexos la entrevista

citada.

71

diplomático mexicano Gilberto Bosques puso sobre el féretro la bandera de México y,

de este modo, fue sepelido (Morro: 1996, p.47).

La ayuda de México

México ha sido recordado por aquellos que lucharon en la Guerra Civil Española como

el país del cual provenía gran parte del material bélico con el que se combatía en el

frente. Ello fue posible porque, como afirma José Antonio Matesanz, Cárdenas no

estaba dispuesto a armar a los obreros mexicanos pero sí a los españoles

 

82. Entre

agosto de 1936 y febrero de 1937 México hizo llegar a España armamento por valor

aproximado de 3 millones de pesos oro (Tabanera en Lida: 2001, p. 43). México llegó

a comprar armamento para la bloqueada República Española pero siempre

procurando mantener cierta discreción al respecto, en algunos casos, incluso, realizó

las compras como si fueran para sí ante el boicot internacional que ciertos países

ejercieron hacia la República Española. Pero México fue más allá y vendió, mientras

pudo, armas a la República

 

83. Pese a la buena voluntad de México, existían

constricciones que impedían una colaboración mayor:

“El gobierno mexicano (…) no disponía de armamento propio para vender en

cantidades suficientes, y su función como intermediario estaba limitada por su

decisión de no enemistarse con otros gobiernos que hubieran adoptado

políticas muy distintas y que podrían, llegado el caso, crearle algún problema o

hacerle reclamaciones” (Matesanz: 1999, p.143).

El socorro de México hacia la República Española se materializó también en víveres.

Fueron miles los kilos de azúcar y varias decenas las toneladas de garbanzos que se

enviaron desde México para paliar las necesidades del pueblo republicano. Dichos

envíos servían, al mismo tiempo, para pagar el crédito que México había suscrito con

España en 1933 y que ascendía a más de 12 millones de pesos oro (Tabanera en

Lida: 2001, p.43).

La ayuda material y la solidaridad internacional de México para con la República

Española fueron políticas que concitaron el respaldo del Congreso y del Senado

82

 

(Matesanz: 1999, p.114)

83

 

México y la URSS fueron los dos únicos países dispuestos a vender armas a la República.

72

Mexicano

 

84. En 1936 Lázaro Cárdenas presentó su segundo informe, el cual fue

respondido oficialmente por Luis Enrique Erro, presidente del Congreso, en estos

términos:

“Vender pertrechos de guerra y prestar ayuda moral –incluso material- a un

gobierno amigo, legítimamente constituido, está perfectamente ajustado a las

normas de ética que presiden la vida de relación internacional. Obrar de otro

modo equivaldría a conceder implícitamente beligerancia a una insurrección

militar a todas luces contraria al sentir del pueblo de México.

El origen revolucionario de nuestro gobierno, la política tradicional de la

República en sus relaciones con otros estados y la voluntad expresa de las

colectividades, que da el norte a la marcha de la vida pública mexicana,

convergen a la línea de conducta que usted se ha impuesto en el tratamiento

otorgado al gobierno legítimo de España, principalmente a partir de la lucha

armada que se libra en el suelo español” (citado en Bosques: 1973, p.14 y

Matesanz: 1999, p.104).

En el ámbito diplomático la República Española se vio en apuros y contó con la ayuda

mexicana. Una de las dificultades a las que tuvo que hacer frente el Gobierno

Republicano fue la deserción de la gran parte de su personal diplomático. Tras el

golpe militar franquista, el 70% de los diplomáticos de carrera españoles destinados a

América Latina se habían pasado a las filas del franquismo

 

85 (Tabanera en Lida: 2001,

p.31). Sin embargo, México ayudó a la España republicana también en el ámbito

diplomático. Así, por ejemplo, las representaciones diplomáticas mexicanas,

especialmente en América Latina, pusieron sus recursos a disposición de los

diplomáticos republicanos españoles allí donde éstos encontraron dificultades para su

ejercicio tras el Golpe Militar del fascismo español (Tabanera en Lida: 2001, p.33). De

igual modo, el Embajador de México en Madrid, Manuel Pérez Treviño, interpeló al

resto de embajadores latinoamericanos para que no abandonaran el Madrid

republicano pues esto podía ser visto como un gesto de grandes repercusiones

diplomáticas y políticas (Matesanz: 1999, p.183).

84

 

El 7 de septiembre de 1936 el Senado Mexicano votó en sesión secreta respaldar al

Presidente Cárdenas en su política hacia España al no apartarse ésta del “programa

revolucionario que sustenta la Revolución Mexicana” (Matesanz: 1999, p. 122).

85

 

A modo de ejemplo, el primer secretario de la Embajada Española en México, Ramón María

de Pujadas, manifestó su apoyo a la Junta de Defensa de Burgos convirtiéndose en el primer

“representante oficioso” de los rebeldes fascistas. Sin embargo, el gobierno de Lázaro

Cárdenas lo expulsó del país por representar a un gobierno que no era reconocido oficialmente

por México (Tabanera en Lida: 2001, p.35). No se tiene constancia de que algo similar

ocurriera en ningún otro país latinoamericano.

73

El apoyo diplomático de México a la España Republicana fue escenificado en el marco

de la Sociedad de Naciones a la que México había podido entrar, como ya se

explicado, gracias, en parte, a la mediación y a la invitación de la España Republicana.

Isidro Fabela, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de México en dicho

organismo internacional desde 1937, pronunció varios discursos que tuvieron un gran

impacto. Éstos se realizaron en base a las directrices que el General Cárdenas dio al

representante mexicano antes de partir hacia Ginebra en enero de ese mismo año

demostrando, así, que era el propio Cárdenas quien dirigió personalmente a la

diplomacia mexicana en el caso de España (Bosques: 1973, p.2). Tales instrucciones

eran:

“I. México es y deberá seguir siendo un Estado fiel a la Sociedad de Naciones.

II. México cumplirá estricta y puntualmente el Pacto de la Liga.

III. México ha reconocido y reconoce como inalienable el principio de no

intervención.

IV. Como consecuencia de lo anterior, México se constituirá, en todo momento

que sea necesario, en defensor de cualquier país que sufra una agresión

exterior de cualquiera potencia.

V. Específicamente en el conflicto español, el gobierno mexicano reconoce que

España, Estado miembro de la Sociedad de Naciones, agredido por las

potencias totalitarias, Alemania e Italia, tiene derecho a la protección moral,

política y diplomática, y a la ayuda material de los demás estados miembros, de

acuerdo a las disposiciones expresas y terminantes del pacto.

VI. El gobierno mexicano no reconoce ni puede reconocer otro representante

legal del Estado español que el gobierno republicano que preside don Manuel

Azaña.

VII. En el caso de Etiopía, México reconoce que ese Estado ha sido víctima de

una agresión a su autonomía interna y a su independencia de Estado soberano

por parte de una potencia imperialista. En consecuencia, la delegación de

México defenderá los derechos abisinios en cualesquiera circunstancias en que

sean o pretendan ser conculcados.

VIII. En términos generales, México ha sido y debe seguir siendo un país de

principios cuya fuerza consiste en su derecho y en el respeto a los derechos

ajenos. Consecuentemente, la representación de México en Ginebra deberá

ser intransigente en el cumplimiento de los pactos suscritos, en el respeto a la

74

moral y al derecho internacional y específicamente en el puntual cumplimiento

del Pacto de la Sociedad de las Naciones” (citado en Fabela: 1994a, pp.4-5).

Por si no quedaba clara la importancia que para Lázaro Cárdenas revestía la defensa

de la República Española en ese foro internacional, éste escribió con fecha de 17 de

febrero de 1937 una carta a Isidro Fabela en la que detallaba profusamente cuál era y

en qué se basaba el inquebrantable apoyo de México al país ibérico:

CUADRO 1

“Como complemento de la conversación que tuve el gusto de celebrar con

usted antes de su partida y como orientación para las pláticas que pueda usted

tener en Francia, así como para sus gestiones en Ginebra en virtud de la

comisión que le ha sido confiada, creo conveniente atraer su atención sobre el

espíritu de absoluto y de irreprochable lealtad internacional con que el gobierno

de México ha procedido y procede en lo que respecta al actual conflicto de

España. Es posible que –dada nuestra ausencia del Consejo de la Sociedad de

las Naciones- la forma en que dicho conflicto sea tratado en la Liga, no haga

indispensable una exposición detallada de usted sobre la materia; pero, si el

caso llegara a presentarse, sería necesario explicar con precisión el alcance

real de nuestra conducta, la cual, a nuestro juicio, es la que deberían haber

observado todos los países.

Conviene, ante todo, hacer ver hasta qué punto la actitud de México en

relación con España no se encuentra en contradicción con el principio de ‘no

intervención’. Esta frase, muy utilizada en la actualidad por la diplomacia

europea y por la política interamericana, ha venido a recibir, como

consecuencia de las complicaciones internacionales suscitadas por la rebelión

española, un contenido ideológico muy diferente del que orientó, por ejemplo, a

la delegación mexicana que concurrió a la reciente Conferencia de Paz de

Buenos Aires, al proponer la aprobación unánime de las Repúblicas de nuestro

continente el Protocolo Adicional a la Convención sobre Deberes y Derechos

de los Estados firmados en Montevideo en 1933.

Bajo los términos de ‘no intervención’ se escudan ahora determinadas

naciones de Europa, para no ayudar al gobierno español legítimamente

constituido. México no puede hacer suyo semejante criterio, ya que la falta de

colaboración con las autoridades constitucionales de un país amigo es, en la

práctica, una ayuda indirecta –pero no por eso menos efectiva-, para los

75

rebeldes que están poniendo en peligro el régimen que tales autoridades

representan. Ello, por lo tanto, es en sí mismo uno de los modos más

cautelosos de intervenir.

Otro de los conceptos que ha cobrado particular connotación con motivo de la

situación española, es el de la neutralidad internacional. México, al adherirse

en 1931 al Pacto Constitutivo de la Sociedad de las Naciones, tuvo muy en

cuenta el carácter generoso de su estatuto, del que puede decirse que una de

las conquistas jurídicas más importantes ha sido la de establecer una clara

separación –en caso de posibles conflictos-, entre los estados agredidos, a los

que se propociona todo el apoyo moral y material que las circunstancias hacen

indispensable, y los estados agresores, para los cuales se fija, al contrario, un

régimen de sanciones económicas, financieras, etc. La justificación de esta

diferencia, plausible en lo que concierne a los conflictos que puedan surgir

entre dos estados libres y soberanos, se pone aún más de manifiesto en lo

relativo a la lucha entre el poder constitucional de un Estado y los rebeldes de

una facción apoyada visiblemente –como en el caso de España-, por

elementos extraños a la vida y a las tradiciones políticas del país.

La ayuda concedida por nuestro gobierno al legítimo de la república española

es el resultado lógico de una correcta interpretación de la doctrina de ‘no

intervención’ y de una observancia escrupulosa de los principios de moral

internacional que son la base más sólida de la Liga. A este respecto procede

recordar que la ayuda material a que aludo, ha consistido en poner a

disposición del gobierno que preside el señor Azaña, armas y parque de

fabricación nacional y sólo ha aceptado servir de conducto para la adquisición,

con destino a España, de material de guerra de procedencia extranjera en

aquellos casos en que las autoridades del país de origen (conociendo la

finalidad de la compra) manifiesten en forma clara su aquiescencia y den, de

acuerdo con los procedimientos normales, los permisos reglamentarios…”

(citado en Fabela: 1994ª, pp. 212-213).

Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase: